Llevaba años posponiéndolo.
Tener una web personal me parecía un acto de ego. Yo soy ingeniero, cooperativista, alguien que cree que el "yo" desaparece dentro del "nosotros". Hablar de mí en tercera persona en una página de internet me daba un respeto enorme. Cada vez que un amigo me lo proponía — "Juan, tienes que tener una web" — yo respondía lo mismo: "ya tengo Sapiens, ya tengo AVACE, ya tengo LinkedIn, no hace falta más".
Hasta que entendí que estaba al revés.
El verdadero ego
El verdadero ego no es tener una web. Es no tenerla. Es pensar que lo que has aprendido en veinte años haciendo cosas — montando parques eólicos, fundando cooperativas, sentándote con familias que no podían pagar la luz, peleándote con interventores municipales que no se creían el modelo — pertenece solo a las personas con las que te cruzas en las salas en las que entras.
Lo que aprendí fundando aeioluz en 2015 me lo enseñaron otras personas que se habían tomado el tiempo de escribir lo que sabían. Lo que estoy haciendo en Sapiens lo hago hombros encima de gente que escribió cosas — Christian Felber sobre Economía del Bien Común, Pablo Cotarelo sobre cooperativismo energético, Jacqueline Novogratz sobre capital paciente. Yo nunca me senté en sus cocinas. Pero leí lo que dejaron escrito.
No compartir es el ego. No al revés.
Para qué sirve esta web
Para tres cosas concretas, si soy honesto:
Una. Para que cuando alguien me invite a una charla — y cada vez son más, gracias — pueda mandarle un único enlace en lugar de un PDF, una bio en LinkedIn, un par de vídeos sueltos de YouTube y dos artículos. Una web es la forma más moderna de decir "esto soy yo, en una sola dirección".
Dos. Para escribir. Para escribir las cosas que pienso después de cada asamblea, después de cada reunión con un alcalde, después de cada visita a un tejado. Cosas que normalmente me quedo masticando solo durante el viaje de vuelta a Valencia y se pierden. Si las escribo aquí, al menos quedan. Y si quedan, alguien puede aprovecharlas.
Tres. Para que las personas que están pensando en montar su propia comunidad energética — y son cada vez más — encuentren un sitio donde aterrizar. Donde leer cómo se hace, qué errores cometí, qué ayuntamientos se sumaron y cuáles se cayeron por el camino. La transición energética no la harán las máquinas: la harán las personas que decidan organizarse. Y eso requiere información disponible.
Por qué llegas tarde
El subtítulo del post dice algo provocador. Lo mantengo.
Si estás leyendo esto y estás pensando "oye, lo de las comunidades energéticas suena bien, igual algún día me animo", déjame decirte una cosa: en Valencia hemos pasado de tres comunidades en 2020 a más de noventa en 2026. La mayoría se montaron porque alguien — un alcalde, una asociación de vecinos, una pyme — decidió un día hacerlo. Sin saber del todo cómo. Aprendiendo sobre la marcha.
Las que están en marcha hoy ya tienen tarifa eléctrica más barata que tú, ahorran un 30-40% al año, han recibido subvenciones que se acaban, y están entrando en agregadores de demanda que en cinco años darán otra vuelta de tuerca. Las primeras del barrio se quedan con los mejores tejados. Los mejores partícipes. Las mejores condiciones bancarias.
No te lo digo para meter prisa. Te lo digo porque es verdad.
Qué vas a encontrar aquí
Vas a encontrar mi historia, mis proyectos, mis dudas, los datos que me importan, las personas a las que admiro y los ayuntamientos que me sorprenden. Vas a encontrar reflexiones cortas y largas, según el día. Vas a encontrar enlaces a las entrevistas que me hacen — que son muchas y a veces buenas — y al trabajo de los compañeros que en la sombra hacen tanto o más que yo.
Y vas a encontrar — eso espero — una invitación. Si esto que cuento te resuena, si tu pueblo está pensando en una comunidad energética, si tu empresa quiere virar hacia la economía de impacto, si necesitas una charla, si buscas seguros para tu instalación fotovoltaica, si simplemente quieres responder a algo que escriba — escríbeme. Estoy a un correo de distancia.
Esto no es una web. Es una puerta abierta.
— Juan, abril 2026, desde Valencia.